Han pasado veinte años desde que Maus, de Art Spiegelman, entrara en la historia al convertirse en el primer cómic en conseguir un premio Pulitzer. La obra relataba el holocausto nazi, a partir de una serie de entrevistas que un hijo realizara a su padre, uno de los supervivientes de aquel genocidio. El éxito cosechado por Maus, junto a cómics de otro corte más fantástico como Watchmen (Alan Moore, 1986), abrieron las puertas al arte de la viñeta, consiguiendo que se eliminara la etiqueta de lectura menor y vacía. Una vez extinguida del gran público esa idea, el uso del medio para desarrollar nuevas propuestas fue ampliándose con estas dos obras como pilar. Llegaron cómics como Fun home o Persépolis, o artistas como Joe Sacco o el italiano Gian Alfonso Pacinotti, realizando periodismo de guerra, plasmando realidades a través de trazos de lápiz y tinta. Los primeros pasos de este periodismo “dibujado” partieron del humor gráfico realizado en los periódicos a las puertas del S. XX, sátiras donde las conductas sociales y la política eran ridiculizadas, cuyo verdadero y único objetivo era vender periódicos al incipiente número de inmigrantes que desembarcaban en tierras norteamericanas. De esta necesidad de contar los secretos que componen al mundo, Guy Delisle muestra mediante su dibujo las realidades vividas, a través de un medio por el que no todos están acostumbrados a verlas. El cómic servirá para realizar un análisis de la actualidad, dotándola de libertad a la hora de relatar, gracias a las posibilidades que este medio concede.
